La Ermita del Humilladero

La Ermita del Humilladero

La ermita del Santo Cristo del Humilladero se levanta a mediados del S-XVIII. No obstante, la restauración de un óleo de San Pedro, situado en la bóveda del ábside, ha descubierto una inscripción, no demasiado clara, con el año 1734 en su marco de yeso, que podría datarla en esta fecha.

La necesidad de dotar al pueblo de una nueva ermita después del hundimiento de la de la de La Concepción, y la búsqueda de un solar para el nuevo cementerio, aceleraron su construcción, a la vez que imposibilitaron situarla en el lugar de la antigua. Esta circunstancia obligó a erigirla junto al casco del pueblo, y al lado de un camino como ya era tradición secular. En su portada se levantó un calvario o humilladero, ya desaparecido.

La obra es de planta rectangular y sus paredes de mampostería y ladrillo, con refuerzos de piedra de cantería en las esquinas y en los zócalos. La techumbre original era "un elegante artesonado de madera" en palabras del cura Don José Antonio López Sánchez, y su fachada una sencilla pared de ladrillo con dos ventanas, rematada por la airosa espadaña que se revocó de cemento en la restauración de 1955.
En el primer tercio del S-XIX, se adosó un osario en la cara sur para depositar los restos del antiguo cementerio, que rompe la sencillez de sus líneas.
Desde sus inicios, se colocó en ella el Santo Cristo de Rubiales, y la Cofradía de la "Vera Cruz" fue responsable del culto y mantenimiento de la ermita, a base de las cuotas de sus miembros y de las "mandas" de sus devotos.
Los cofrades celebraban en ella tres reuniones anuales: el 3 de mayo, por pentecostés y el 14 de septiembre. En el pueblo existía verdadera devoción por el Santo Cristo y cada año se hacían pujas por llevarlo a la carrera.

El paso del tiempo y las penurias económicas hicieron que en el año 1878 se hundiera el artesonado de madera. El Santo Cristo estuvo ausente de ella 13 meses, hasta "el día 17 de mayo, segundo de pentecostés de 1880", día en el que se bendijo la nueva obra por Don Antonio López, cura párroco. Las obras las costearon la cofradía y el pueblo por suscripción y de una manera sencilla, a pesar de la gran penuria del año, incluso el vecino de Parada "Don Rodrigo Soriano dio cuatro hermosas vigas."
De nuevo el paso del tiempo y las guerras y dificultades económicas, sumieron la ermita en el abandono aunque el pueblo se resistiese a dejarla caer.
Después de la Guerra Civil se levantó la nueva cruz del humilladero y en el año 1955 el cura párroco Don Joaquín, impulsó una nueva restauración del edificio aunque bastante precaria. Este "arreglo" es el que ha perdurado hasta nuestros días.

En este año de 2011, y bajo el impulso del cura párroco Don Gabino Martín Vicente y del Alcalde Don Pascual García Bermejo, se ha llevado a cabo una restauración decidida de su techumbre y paredes, que han procurado darle un aspecto, en lo posible, similar al de aquel elegante artesonado de madera.
Además, se ha procedido a la restauración del lienzo de San Pedro, anónimo de la primera mitad del S-XVIII, situado en el techo del ábside de la ermita. El lienzo oscurecido completamente ha recuperado una gran luminosidad, mostrando una bella imagen, de gran calidad artística.

En el exterior se ha colocado un cartel señalizador donde se relata esta historia de la ermita, su origen y sus obras.

 



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